Alternativa a Workplace de Meta
Somos más pequeños y hacemos menos cosas. Antes de contaros lo que sí hacemos, está entera la lista de lo que perdéis, porque es la parte que decide si merece la pena seguir leyendo.
Qué pasó
Las fechas son públicas y conviene tenerlas a mano si alguien de vuestra empresa todavía cuenta con recuperar algo de allí.
Workplace se retira y se recomienda a los clientes migrar o descargar sus datos. Para muchas empresas fue la primera vez que se plantearon qué pasa cuando el proveedor de la intranet decide que ese negocio ya no le interesa.
La web pasa a modo de solo lectura y las aplicaciones de móvil y Workchat dejan de funcionar. A partir de ahí ya no se publica: solo se consulta y se exporta.
Se termina el periodo de acceso y de exportación de datos. Quien no descargó lo suyo antes de esa fecha, no lo tiene.
Sin adornos
Workplace era un producto de una compañía enorme, con un equipo enorme detrás. Seis cosas que teníais y aquí no vais a encontrar.
No hay importador. Ni de publicaciones, ni de grupos, ni de personas, ni de los ficheros que descargasteis antes del cierre. Si conserváis ese volcado, guardadlo donde lo tengáis: en Blastack se empieza limpio.
Existe —OpenID Connect con Microsoft Entra ID, Google Workspace u Okta, y SCIM 2.0 para las altas y las bajas automáticas—, pero es un módulo aparte de dos céntimos por persona y mes, no algo que venga puesto como en Workplace. Y solo OIDC: si vuestra informática trabaja con SAML 2.0, eso no lo hablamos.
Nada de conectar con vuestro sistema de personal, con Sharepoint o con lo que tuvierais colgado de Workplace.
Workplace traducía las publicaciones sobre la marcha, que en una plantilla multilingüe es media herramienta. Blastack no traduce nada.
Se usa desde el navegador y se ancla a la pantalla de inicio. No sale en App Store ni en Google Play y no enviamos correo al empleado.
Ni retransmisiones a toda la plantilla, ni espacios compartidos con proveedores o clientes. Blastack es de una empresa hacia dentro.
Si tres de esas seis os hacen falta, no somos vuestra opción y es mejor saberlo ahora. Hay alternativas más grandes que sí las tienen, y os las diremos por correo sin que tengáis que buscarlas.
A cambio
Workplace estaba pensado para una empresa de oficinas que se comunica en grupos. Blastack está pensado para una empresa con la mayoría de la gente en una planta, una tienda o una furgoneta. Esa diferencia es todo lo que hay debajo.
La pregunta que nos hacen siempre
Es la pregunta correcta y no tenemos una respuesta que la cierre del todo. Somos un equipo pequeño y una empresa joven: nadie puede prometeros que vaya a existir siempre, y quien os lo prometa, mentirá.
Lo que sí podemos poner por escrito es cómo se sale. El contrato fija treinta días de acceso al terminar para recuperar vuestra información, y la supresión definitiva —copias incluidas— en un máximo de treinta días más. Los datos están en servidores de la Unión Europea y son vuestros, no nuestros.
Y la parte incómoda: hoy no hay un botón de «exportar todo». Se descarga desde la herramienta y el volcado completo se pide. Está en el plan de trabajo, sin fecha comprometida.
Cómo se pasa
No hay migración asistida ni herramienta que lo haga sola. Lo bueno de eso, que es poco pero es real: se tira lo que no se usaba.
Si alguien descargó el archivo de Workplace antes del cierre, buscadlo. No se puede importar aquí, pero lo que de verdad haya que conservar —protocolos, políticas, manuales— se vuelve a subir a mano como documentos, que son cuatro carpetas y una tarde.
En un Workplace de dos años hay cincuenta grupos y se usaban ocho. Al montar las comunidades, replicad esos ocho. Recrear los cincuenta es la forma más rápida de que la herramienta nueva nazca ya vacía.
Un código por centro o por departamento, con hasta quinientos usos cada uno. La gente entra con su correo personal desde el móvil. Es más rudimentario que el aprovisionamiento automático de Workplace y, con plantilla sin correo corporativo, funciona mejor.
Quince días con una planta o una delegación antes de abrirlo a todo el mundo. Si volvéis a lanzar a toda la empresa de golpe y no lo abre nadie, es difícil recuperar la atención una tercera vez.
El porcentaje de gente que ha visto los primeros comunicados, desglosado por división. Es el dato que Workplace no os daba de forma comparable y el que decide si la herramienta se queda.
Quince días, sin tarjeta. Y si preferís contárnoslo antes —qué teníais montado en Workplace y qué de aquello os hace falta de verdad—, escribid y os decimos sin rodeos si esto os sirve.