Preguntas frecuentes
No las de quien entra por la portada, sino las que llegan por escrito cuando una empresa de dos mil personas se plantea firmar, o cuando lo hace una federación con treinta entidades detrás. Varias respuestas son un no. Están aquí precisamente por eso: es mejor descubrirlo ahora que en la tercera reunión.
Lo que pregunta el departamento de sistemas y lo que acaba en el informe jurídico.
En servidores propios situados en la Unión Europea. No hay transferencias fuera del Espacio Económico Europeo: ni el alojamiento, ni las copias de seguridad, ni el soporte, ni la administración se prestan desde fuera del EEE, así que no hacen falta cláusulas contractuales tipo ni las demás garantías del capítulo V del RGPD.
La base de datos solo es accesible desde el propio servidor y no está expuesta a internet. Los archivos que subís se guardan en el disco de ese servidor, en una carpeta por empresa y con un nombre generado, y no son accesibles por dirección directa: cada descarga vuelve a comprobar la sesión y la pertenencia a vuestra empresa.
Cada consulta a la base de datos lleva dentro el identificador de vuestra empresa: un dato de otra organización sencillamente no existe para vuestra sesión. La comprobación está en el servidor, no en la pantalla, y los archivos tampoco son públicos: cada descarga vuelve a comprobar la sesión y la pertenencia.
Y no nos limitamos a decirlo. Hay una prueba automática que mete una empresa rival en la misma base de datos, con contenido propio en cada tabla, e intenta llegar a él desde la sesión de un empleado de otra: publicaciones, documentos, respuestas de encuesta, acuses de lectura, asistencias a eventos y mensajes. Si se escapa una sola fila, la prueba falla. Se lanza contra la base real, dentro de una transacción que se revierte al terminar.
La parte honesta: es una base de datos compartida con separación por empresa, no una instalación por cliente. Si vuestro pliego exige base de datos dedicada o instalación en vuestro centro de datos, hoy no lo hacemos.
Sí. El contrato de encargo del artículo 28 del RGPD forma parte de las Condiciones del servicio y se acepta al contratar, con las obligaciones concretas detalladas en la política de privacidad. Si vuestro departamento jurídico lo necesita firmado por separado, se facilita.
Los subencargados actuales figuran en el apartado de destinatarios de la política de privacidad, y cualquier cambio se comunica con antelación suficiente para que podáis oponeros.
Vosotros. La empresa cliente es la responsable del tratamiento de los datos que incorpora sobre su plantilla: decide qué datos entran, para qué, quién accede y cuánto se conservan. Nosotros actuamos como encargado y los tratamos siguiendo vuestras instrucciones.
De lo que sí somos responsables es de los datos de la relación comercial: quién firma, quién administra la cuenta, la facturación y los registros del servidor web.
No. Ni para publicidad, ni para elaborar perfiles, ni para entrenar sistemas automáticos, ni se cede a nadie. Solo se accede cuando es imprescindible para prestar soporte o resolver una incidencia, y esos accesos quedan registrados.
No. Ni con vuestras publicaciones, ni con los comentarios, ni con las respuestas de las encuestas, ni con los documentos. No se entrena ningún modelo, no se cede a terceros y no hay ningún proveedor de inteligencia artificial con acceso al contenido de vuestra plataforma.
Es una pregunta que en los últimos pliegos aparece siempre, y la respuesta corta es que no hay nada que negociar aquí: la herramienta no tiene funciones de inteligencia artificial, así que tampoco tiene por dónde mandar vuestro contenido a ninguna parte.
No, ni una ni otra. Está en el plan de trabajo, sin fecha comprometida.
Lo que sí hacemos es responder por escrito a cuestionarios de seguridad, con el nivel de detalle que pidáis. Si vuestro pliego exige la certificación como requisito eliminatorio, hoy no podemos presentarnos, y preferimos decirlo en la primera reunión.
Sí, por OpenID Connect, y funciona con Microsoft Entra ID, Google Workspace y Okta. Se configura desde el panel: emisor, identificador de cliente, secreto y los dominios de correo que entran por ahí. Se puede dejar como una opción más o exigirlo, de modo que en esos dominios no valga la contraseña.
Y hay SCIM 2.0: altas, cambios y bajas automáticas desde vuestro sistema de personal, sin que nadie tenga que acordarse de desactivar a quien se va. Una baja allí desactiva la cuenta aquí; no la borra, para no llevarse por delante lo que esa persona publicó.
No hay SAML, y no es un olvido: SAML es XML firmado, verificar esa firma bien exige canonicalización XML, y de ahí han salido casi todos los saltos de autenticación de la última década. Los tres proveedores que se encuentra una empresa española de 250 a 2.000 personas hablan OpenID Connect igual de bien, que es un JWT firmado y se verifica sin ambigüedad. Preferimos no mantener esa superficie. Si vuestro pliego exige SAML con esas letras, hoy no nos podemos presentar y es mejor saberlo en la primera reunión.
Va en el módulo de identidad corporativa, 0,02 € por persona y mes. Es un precio deliberado: cobrar el inicio de sesión único como peaje —metiéndolo en un plan que cuesta el triple, sabiendo que sistemas no puede decir que no— es justo lo que esta web critica de otros. Cuesta lo que cuesta mantenerlo.
La parte que conviene tener en cuenta antes de decidir: en las empresas para las que está pensado Blastack la mayoría de la plantilla no tiene cuenta en el directorio corporativo, así que el inicio de sesión único cubre a la parte de oficina y al resto lo sigue cubriendo el código de invitación. Las dos cosas conviven en la misma empresa.
Propia, no.
Si activáis el módulo de identidad corporativa y entráis con OpenID Connect, el segundo factor lo pone vuestro proveedor: quien viene de Entra ID, Google Workspace u Okta pasa por las reglas de acceso condicional que ya tengáis puestas allí, y aquí no teclea ninguna contraseña. Para la plantilla que entra con un código de invitación y su correo personal, eso no aplica y hoy no hay segundo factor.
Lo que sí hay: las contraseñas no se guardan, se guarda un derivado con scrypt y sal por usuario; el identificador de sesión se almacena cifrado, de modo que un volcado de la tabla no permite suplantar a nadie; hay bloqueo temporal tras ocho intentos fallidos; el mensaje de error no revela si el correo existe; y al cambiar la contraseña se cierran las sesiones abiertas en otros dispositivos.
No. Las condiciones lo dicen con esas palabras: el servicio se presta con diligencia razonable y se procura que esté disponible de forma continuada, pero hoy no se compromete una cifra garantizada, porque no se mide ni se compensa.
Si vuestro pliego exige un acuerdo de nivel de servicio con penalizaciones, hoy no lo cumplimos.
Sí, periódicas y dentro de la misma jurisdicción, según recogen las condiciones. Es una tarea de infraestructura, no una función de la herramienta: si necesitáis el detalle del procedimiento, la frecuencia y el tiempo de restauración por escrito, pedidlo y os lo damos.
Las copias no os convierten en depositarios de una única copia ni sustituyen a que os llevéis vuestra información.
Hoy no. El servicio se presta desde nuestros servidores en la Unión Europea. Una instalación en vuestro centro de datos no está disponible.
De serie se guarda un registro de auditoría de lo sensible: altas, bajas, cambios de rol, invitaciones, aprobaciones y rechazos de publicaciones, subidas y borrados de documentos, acuses de recibo y cambios de contraseña, con fecha y autor. Hoy ese registro se consulta a petición: todavía no hay una pantalla que lo muestre ni exportación.
Si activáis el módulo de accesos y actividad, además se guarda desde qué aparato y navegador entra cada persona y qué secciones visita, con una retención de noventa días y borrado automático. Si no lo activáis, eso no se registra. Es una decisión vuestra, y es exactamente el punto que suele mirar el comité de empresa.
La parte que decide si esto se puede desplegar en dos mil personas o se queda en un piloto.
Con códigos de invitación. Un administrador genera un código que ya lleva dentro el rol, el departamento y el centro, con un número máximo de usos —hasta quinientos por código— y una fecha de caducidad. Cada persona lo introduce desde su móvil y crea su cuenta ella misma.
Para dos mil personas lo habitual es un código por centro o por departamento: así la gente queda clasificada desde el primer día sin que nadie tenga que ordenarla después. El código se pega en el tablón del vestuario, se dicta en el relevo o se imprime junto a la nómina.
Hasta quinientas personas por código, y se pueden generar tantos códigos como haga falta. Cada uno lleva dentro el rol, el departamento y el centro con los que entrará quien lo use, y una fecha de caducidad.
Para una plantilla de dos mil personas eso son cuatro o cinco códigos si se reparten por centro, no dos mil invitaciones. Y como el código clasifica a la persona en el momento del alta, nadie tiene que ordenar la lista después.
Un administrador la desactiva desde la pantalla de personas. Deja de poder entrar, deja de aparecer en el directorio y deja de contar en la factura del mes siguiente, porque se cobra por personas activas.
A mano, una por una, salvo que tengáis el módulo de identidad corporativa: con SCIM 2.0 la baja en vuestro sistema de personal desactiva la cuenta sola, que es la respuesta a la pregunta que de verdad preocupa —qué pasa el día que despedimos a alguien—. Sin ese módulo, con una plantilla estable es un rato al mes; con rotación fuerte es trabajo real, y por eso lo decimos antes de firmar y no después.
No. Hoy no hay importación masiva de personas desde fichero.
Es la limitación más incómoda que tenemos delante de una empresa grande, y la decimos la primera. Las altas se hacen con códigos, y funciona —justamente porque no depende de que sistemas tenga una lista al día—, pero si vuestro requisito es cargar un fichero con dos mil filas y que las cuentas aparezcan solas, hoy no lo hacemos. Está en el plan de trabajo, sin fecha comprometida.
No. Blastack no envía correos electrónicos de ningún tipo: ni invitaciones, ni avisos, ni resúmenes. El código de alta se reparte por vuestros medios.
Sí, por SCIM 2.0, dentro del módulo de identidad corporativa. Es el estándar que hablan Entra ID, Workday y los sistemas de personal que sincronizan usuarios: se genera un testigo desde el panel, se pega en vuestro sistema, y a partir de ahí las altas, los cambios de nombre o de departamento y las bajas llegan solos.
Dos detalles que conviene saber antes de conectarlo. La baja desactiva la cuenta, no la borra: borrarla se llevaría por delante las publicaciones y los comentarios de esa persona, y un tablón con huecos donde había mensajes es peor que uno con el nombre de alguien que ya no está. Y lo que entra por ahí queda marcado como sincronizado y no se puede editar a mano desde el panel, porque la siguiente sincronización revertiría el cambio y nadie entendería por qué.
Lo que no hay es importación desde fichero: ni Excel ni CSV. Si no tenéis sistema de personal que hable SCIM, las altas se hacen con códigos de invitación. Con una plantilla estable eso es un rato al mes; con rotación fuerte es trabajo real, y conviene contarlo antes de firmar.
La cuenta se crea en minutos y el primer comunicado puede salir el mismo día. Lo que lleva tiempo no es montar la herramienta: es repartir los códigos y conseguir que alguien publique con constancia.
En la página de implantación está el calendario realista de cuatro semanas que recomendamos, con lo que tiene que hacer cada uno.
No. Para quien solo lee, es un muro de publicaciones en el navegador del móvil: no hay nada que enseñar.
Quien publica y quien administra sí necesita una sesión corta, del orden de media hora, para entender comunidades, segmentación y cola de revisión.
Que la herramienta se apaga sola, y es con diferencia la forma más común de que esto salga mal. No es un problema de producto: es que la persona que empezó publicando deja de hacerlo y nadie recoge el testigo.
Lo que ayuda es poco y sencillo: que haya dos personas con permiso de publicación y no una, que la cola de revisión esté abierta para que la plantilla proponga contenido, y que alguien mire una vez al mes la analítica de alcance, porque un número que baja se nota antes que un tablón vacío. Lo que no hacemos es ir a vuestras plantas a dinamizarlo; hay competidores que sí, y lo incluyen en el precio.
Lo montáis vosotros. No hay proyecto de implantación, ni consultores, ni coste de puesta en marcha, y tampoco talleres presenciales.
Si buscáis un proveedor que vaya a vuestras plantas a dinamizar la herramienta, hay competidores que lo hacen y lo incluyen en el precio. Nosotros no.
Lo que pregunta el comité de empresa, y lo que conviene llevar respondido a esa reunión.
Sí, y es la razón por la que existe. La persona entra con un código y crea su cuenta con su correo personal. No necesita cuenta corporativa ni que nadie de sistemas la dé de alta.
Blastack se usa desde un navegador, así que vale cualquier ordenador, tableta o móvil de empresa que tengáis en el centro. Pero si una persona no tiene ninguno a mano en su puesto y no quiere usar el suyo, esto no lo resolvemos: no vendemos pantallas táctiles ni quioscos para planta.
Es una conversación que hay que tener con vuestra representación de los trabajadores, y la respuesta suele pasar por mantener el tablón físico para lo obligatorio y usar Blastack para todo lo demás.
Depende de vosotros, y conviene leerlo entero antes de llevarlo a un comité. Los avisos del navegador están construidos, pero no vienen encendidos: hacen falta unas claves en el servidor y, además, cada persona tiene que aceptarlos en su propio móvil. Mientras no se encienden, no suena nada: los avisos aparecen dentro de la herramienta cuando alguien entra.
Correo al empleado no enviamos, y no está previsto: el único correo que sale de Blastack es el del cobro. En iPhone, además, los avisos del navegador solo funcionan con la aplicación añadida a la pantalla de inicio, con iOS 16.4 o superior.
Lo que hoy NO hay es horario de silencio: si los encendéis, un comunicado publicado a las once de la noche suena a las once de la noche. Si eso os importa —y en un comité suele importar—, la respuesta honesta es no encenderlos hasta que exista.
Conviene separar tres cosas, porque en la reunión con el comité se mezclan siempre.
En publicaciones, el dato que se enseña es agregado: qué porcentaje de un departamento o de un centro ha visto un comunicado. No hay una pantalla con la lista de quién ha visto qué publicación.
En documentos con acuse de recibo, sí es nominal: la persona pulsa un botón de confirmación y queda su nombre con fecha y hora. De eso se trata; es lo que sirve ante una inspección de trabajo.
Y el módulo de accesos y actividad, que registra desde qué aparato entra cada persona y qué secciones visita, es opcional. Si no lo activáis, no se guarda.
Sí, y está construido para que lo siga siendo aunque alguien quiera mirar. Cuando una encuesta se marca como anónima se separan dos cosas en dos tablas que no se pueden cruzar: por un lado que participaste, sin marca de tiempo; por otro las respuestas, sin ningún vínculo con una persona. Además, la fecha de envío se redondea al día, para que no se pueda cruzar con los registros de sesión, y no se apunta actividad al responder.
A cambio se pierde el desglose por departamento, y se avisa en la propia pantalla en lugar de fingir que lo tenemos.
Lo que sí se mantiene es que cada persona vota una sola vez.
Puede publicar, y es lo que hace que la herramienta siga viva a los seis meses. Lo que escribe alguien sin permiso de publicación no sale directo: entra en una cola de revisión y un responsable lo aprueba o lo rechaza con un motivo que le llega al autor.
La aprobación previa se puede desactivar si preferís que todo el mundo publique directamente. Y quedan registradas las aprobaciones y los rechazos, con fecha y autor, que es justo lo que pregunta el comité cuando se plantea quién decide qué se publica y qué no.
Depende de vuestro caso y no somos quién para deciros qué obligaciones tenéis, pero es la pregunta que nos hacen siempre y hemos escrito una página entera sobre ella, con los artículos que suelen citarse y las cinco preguntas que hace el comité con la respuesta honesta al lado.
Cuando quien contrata no es el empleador de la gente que va a entrar: federaciones con entidades miembro, cooperativas con socios, cadenas de franquicia, colegios con colegiados y ONG con voluntariado.
Paga quien contrata, y la factura es una sola. Blastack cobra por persona activa de toda la organización, sin mirar de qué entidad es cada una: si la federación abre la cuenta, la federación recibe una factura por el total y el reparto entre las entidades lo hacéis vosotros con vuestro criterio, fuera de la herramienta.
No hay facturación por entidad miembro, ni cuota que cada una pague por su lado, ni forma de que una emisora meta su propia tarjeta. Si lo que necesitáis es que cada casa reciba su factura a su nombre, hoy eso son treinta cuentas de Blastack y no una, con treinta contratos y treinta paneles que no se ven entre sí.
Y una nota de precio que conviene tener antes de hacer números: hay media tarifa el primer año para cooperativas, asociaciones, federaciones y clubes. Se activa diciendo qué sois al registraros, sin mandar estatutos ni ningún papel.
Sí, y es exactamente para lo que existe el reparto de plazas. Cada centro —cada emisora, cada local, cada demarcación— puede llevar un cupo puesto: Ràdio Olot tiene dos plazas, Ràdio Ripoll una. Quien administra Olot da de alta hasta dos personas y, si necesita una tercera, la pide a la federación, que es quien paga.
Un centro sin número no tiene límite, que es como está todo el mundo hasta que alguien decide repartir. Y el cupo no limita a quien administra la organización entera: la federación puede meter a la tercera persona en una emisora de dos plazas cuando quiera, porque es su factura. Lo que el cupo reparte es mando, no dinero.
Bajar el cupo no da de baja a nadie. Si Olot tiene tres personas y le ponéis el cupo en dos, las tres siguen dentro y el centro se queda por encima del cupo hasta que alguien salga; la pantalla lo dice con el número, «3 de 2», para que nadie se piense que ha borrado a alguien.
Hacia arriba, sí: quien administra la organización entera lo ve todo, incluido lo que publica una sola entidad para su gente. No hay muro privado frente a quien paga la cuenta, y preferimos decirlo así de claro antes de firmar, porque es lo primero que pregunta la entidad miembro y lo último que se descubre.
Hacia abajo, no. Al administrador de una entidad se le recorta el mando a su centro: la lista de personas de otra emisora no le aparece, ni sus códigos de alta, ni su registro de accesos, ni la pertenencia a sus comunidades. Y no es que esté escondido en la pantalla: el recorte va dentro de la consulta a la base de datos, así que no hay dirección que teclear ni pantalla por la que colarse. Hay una prueba automática que intenta precisamente eso y falla si se escapa una sola fila.
Lo que sí ve todo el mundo es lo que va dirigido a él: la circular que la federación manda a las treinta emisoras llega a las treinta. Y una precisión sobre lo que se mide, porque se da por hecho y no es exacto: el porcentaje de lectura se desglosa por división —comisión, sección, programa—, no por casa. Si queréis el número emisora por emisora, cada emisora tiene que ser también una división, y eso significa tener las divisiones encendidas: el preajuste de federación las apaga de salida, porque da por hecho que las comisiones están en la sede. Se encienden desde administración cuando queráis y apagarlas no borra nada.
Estructuralmente sí, y por eso cuenta en la factura: es una persona dada de alta, cobre o no cobre de vosotros. Un socio de una agraria que entrega su cosecha y no percibe nómina ocupa la misma plaza que un administrativo de la oficina.
De cara a la pantalla, no. La palabra con la que el producto se dirige a la gente se elige al darse de alta y se puede cambiar después: socios, miembros, voluntarios, profesionales o colaboradores, en lugar de empleados. Lo mismo con los centros —delegaciones, sedes, secciones, locales— y con las divisiones, que en una cooperativa son secciones y en un colegio, comisiones. No es un adorno: a quien no cobra de ti, llamarle empleado en la primera pantalla le dice que la herramienta es de otros.
Lo que no cambia es el permiso. Un socio entra con el papel de quien solo lee y comenta, igual que un empleado; que sea socio de la cooperativa no le da acceso a nada de administración, ni a la facturación, ni a la lista de personas.
La central ve todo lo que hay dentro de la cuenta, porque la cuenta es suya: los locales, su gente, lo que se publica en cada uno, el porcentaje de lectura de cada comunicado y el registro de accesos. Ese porcentaje viene desglosado por división, no local por local: para tenerlo local por local, cada local tiene que ser también una división. Si vuestra red necesita que la central no pueda ver la plantilla de un franquiciado, eso no se resuelve con permisos dentro de una cuenta: se resuelve con una cuenta por franquiciado, y entonces son cuarenta contratos.
Lo que sí se recorta es al revés, y es lo que suele hacer falta: cada local tiene su administrador, que da de alta a su equipo, publica para él y no ve ni gestiona a la gente de los otros locales. Así el franquiciado mantiene el control de sus contratos y de sus datos frente a los demás franquiciados, que es con quien de verdad compite.
Y la parte que hace que esto valga la pena: el comunicado de la central llega al equipo de sala, no al correo del propietario. Entre la central y el mostrador deja de haber una persona que decide qué cuenta y cuándo.
Los de cualquier persona que solo lee: abre la circular, la comenta si está abierto el comentario, confirma la recepción de un documento cuando se le pide y ve el directorio si lo tenéis encendido. Ninguno de administración. Que pague una cuota y no una nómina no cambia nada en la herramienta.
Las demarcaciones sí pueden llevar su casa: cada una con su portada, su color y su administrador, que ve y gestiona la suya y ninguna más. Las comisiones —deontología, formación, jóvenes— se montan como divisiones propias, no como «departamentos», y cada una tiene su gente sin ruido para las demás.
Sobre el vocabulario, con precisión, porque se pregunta siempre: «demarcación» sí está en el catálogo y es la palabra con la que la herramienta rotula cada casa, y «comisión» está en el de las divisiones. La que no está es «colegiado» para la gente: ahí el catálogo ofrece «profesional» y «miembro», y son las que quedan. El nombre propio de cada demarcación sale tal cual en los menús y en los avisos.
En la factura sí, y esta es la respuesta que hay que tener antes de hacer números: se cobra por persona dada de alta, y un voluntario es una persona dada de alta. No hay tarifa de voluntariado ni plazas gratuitas, así que una entidad con treinta contratados y doscientos voluntarios paga por doscientos treinta.
En la herramienta, no. Voluntariado y personal contratado se separan por división, cada uno con lo suyo: el protocolo laboral no le llega a quien colabora los sábados, y el cuadro del turno de reparto no le llega a la trabajadora social. Cada sede o programa lleva además su propia portada y su coordinadora, que solo ve la suya.
Lo que sí conviene que llegue a los dos es lo que tenéis que poder acreditar —protección de datos, protocolo de protección a la infancia, prevención—, y para eso está el acuse de recibo: queda registrado quién lo confirmó y cuándo, también quien colabora sin contrato.
Sí, y es lo primero que se pregunta al crear la cuenta: qué sois. Según lo que contestéis, la herramienta se queda con vuestro vocabulario puesto —emisoras o delegaciones en vez de centros, socios o miembros en vez de empleados, secciones o comisiones en vez de departamentos— y con dos o tres divisiones sembradas que se parecen a las vuestras en vez de «Dirección, Administración y Operaciones». Todo eso se cambia después desde administración, entrada por entrada, sin perder nada.
La honestidad sobre el límite: las palabras salen de un catálogo cerrado, no se escriben libres. Es más largo de lo que la gente espera —para las casas están emisora, delegación, demarcación, sede, local, club, obra, planta, nave, tienda, hotel, restaurante, taller, almacén, sucursal, farmacia, clínica y residencia; para las divisiones, sección, comisión, área, equipo, turno y oficio; para la gente, socio, asociado, cooperativista, miembro, voluntario, colaborador, profesional, franquiciado, trabajador y empleado— y aun así falta alguna que se pide: «colegiado», por ejemplo, no está, y lo más cercano son «profesional» y «miembro». El catálogo es cerrado porque la palabra se declina, y una palabra escrita libre produce «en el emisora» delante de treinta clientes el primer día.
El nombre propio de cada casa no tiene ese problema: Ràdio Olot, el hotel de Mallorca o la demarcación de Girona salen tal cual en los menús, en las columnas y en los avisos.
Se archiva su centro y se desactiva a su gente. Dejan de poder entrar, dejan de aparecer en el directorio y dejan de contar en la factura del mes siguiente, porque se cobra por personas activas. El centro archivado no admite a nadie nuevo y su administrador se queda sin mando en lugar de heredar el de la organización entera, que es el descuido que convertiría a un administrador de emisora en jefe de la federación.
Lo que se queda es lo publicado: las publicaciones y los comentarios de esas personas siguen donde estaban. Borrarlos dejaría el tablón con huecos donde había mensajes, y un hilo cortado a la mitad es peor que el nombre de alguien que ya no está.
Lo que no hay es forma de llevarse esa entidad a una cuenta propia con su contenido dentro. Si una emisora se va y quiere seguir con Blastack por su cuenta, empieza de cero: abre su cuenta y su gente se vuelve a dar de alta con un código.
Lo que evita la sorpresa a los tres meses. Lo que no está aquí, no lo hacemos.
No. Funciona en el navegador del móvil y se añade a la pantalla de inicio: a partir de ahí se abre a pantalla completa y se usa como cualquier otra aplicación, sin pasar por una tienda ni ocupar espacio.
La contrapartida honesta: sin cobertura no funciona. Y los avisos del navegador hay que encenderlos con unas claves en el servidor y aceptarlos móvil a móvil; en iPhone, además, piden la aplicación anclada a la pantalla de inicio, con iOS 16.4 o superior.
No. Se abre en el navegador, así que hace falta señal de datos o wifi en el punto donde se consulta. No hay modo sin conexión ni descarga previa de los comunicados: en una zona muerta no hay nada que leer hasta recuperar señal.
En la práctica se resuelve solo, porque la gente lo mira en el vestuario, en el descanso o antes de entrar a la línea, que es donde suele haber cobertura. Pero si vuestro caso es una nave apantallada o un sótano donde la plantilla pasa el turno entero, esto es una limitación real y conviene medir la cobertura antes de firmar.
Es un software de comunicación interna, y hace la parte de una intranet corporativa que le sirve a la plantilla sin escritorio: el tablón de comunicados, las comunidades por centro, el directorio de personas, los eventos y los documentos que hay que leer. Para mucha gente de planta o de tienda es la primera intranet a la que tienen acceso, porque las de antes vivían detrás de una cuenta corporativa que no tenían.
Lo que no es: no es un gestor documental con versiones ni flujos de aprobación, no tiene páginas ni maquetación libre, no se conecta con SharePoint ni con Google Workspace para traer contenido, y no hay dominio propio. Inicio de sesión único con vuestro directorio sí hay, por OpenID Connect. Aun así, si lo que buscáis es sustituir una intranet de oficina completa, esto se queda corto y es mejor saberlo ahora.
En cuatro cosas concretas. Se sabe qué porcentaje de la plantilla ha leído cada comunicado, y qué departamento se está quedando fuera. Hay roles y cola de revisión, así que un comunicado oficial no se mezcla con los vídeos del fin de semana. Los datos de la empresa están en una cuenta de la empresa, no en el móvil personal de un encargado que mañana se va. Y queda registro de quién publicó y quién aprobó qué.
También hay una diferencia a favor de WhatsApp, y es grande: WhatsApp suena de fábrica y en el móvil de todo el mundo. Nuestros avisos del navegador hay que encenderlos en el servidor y aceptarlos móvil a móvil, no tienen horario de silencio y no llegan por correo. Para un aviso urgente que tenga que sonar a las tres de la madrugada, lo sensato sigue siendo quedarse con los dos canales: el grupo para lo que tiene que sonar, Blastack para lo que tiene que constar.
Sí, como módulo aparte de 0,10 € por persona y mes. Son conversaciones privadas y grupos, con adjuntos y con vídeo de hasta 20 MB, dentro de la propia herramienta y bajo vuestra cuenta.
Es el módulo más caro de los diez porque es el único que se usa a diario y por todo el mundo. Y se puede no activar: si preferís que la plantilla siga hablando por donde ya habla, el tablón funciona igual sin él.
En parte. La interfaz está en doce idiomas —castellano, catalán, inglés, portugués, francés, italiano, alemán, sueco, neerlandés, polaco, rumano y checo— y cada persona elige el suyo y ve la aplicación entera en él. Publicar se puede en esos mismos doce.
O sea que en catalán sí: quien lo tenga puesto lee las publicaciones en catalán. Lo que verá en castellano son los menús y los botones, porque la interfaz todavía no está escrita en catalán ni en sueco. Preferimos decirlo antes que servir media pantalla traducida.
Y lo que no hay en ningún idioma es traducción automática de lo que publicáis: cada versión la escribe quien publica. Si el comunicado tiene que salir en tres idiomas, alguien escribe tres versiones. Si vuestra plantilla lee polaco o rumano, eso además hoy no está ni en la lista de publicación, y es una limitación real que no vamos a disimular.
Hoy no hay recuperación automática. Como no enviamos correos, no existe el enlace de «he olvidado mi contraseña», y un administrador tampoco puede restablecer la de otra persona desde la herramienta: hay que escribirnos para resolverlo.
Es lo primero de la lista de cosas por arreglar, y lo decimos aquí porque en una plantilla de dos mil personas va a pasar la primera semana.
No hay auditoría ni declaración de conformidad, así que no podemos firmaros que cumple la norma.
Lo que sí hay: la interfaz está etiquetada para lectores de pantalla, se navega con teclado y el contraste del texto sobre vuestro color corporativo se calcula para que sea legible. Si necesitáis una declaración de accesibilidad formal, hoy no la tenemos.
No. No hay integraciones con herramientas de terceros ni interfaz pública de programación.
No. Hay carpetas y acuse de recibo con fecha y hora, que es lo que salva una auditoría. Las carpetas hoy las ve toda la plantilla: no se pueden limitar a un departamento ni a un centro. No hay control de versiones, ni flujos de aprobación documental, ni firma electrónica.
El sitio de Blastack es el documento que la plantilla tiene que leer, no el archivo maestro de la empresa.
Ocho megas por imagen, veinte por documento y cincuenta por adjunto de publicación, vídeo incluido. No hay cuota total de almacenamiento por empresa.
Los archivos se validan por su firma binaria y no por la extensión, así que un ejecutable renombrado a .jpg no entra.
Para lo que la mayoría de las empresas españolas le pide a una herramienta de comunicación interna —que el comunicado llegue a la gente de planta, de tienda y de ruta, y saber cuánta lo ha leído—, sí. Para una multinacional que necesite que las publicaciones se traduzcan solas, o con un pliego que exija certificaciones o SAML por escrito, no: ahí ganan ellos y lo decimos en las propias comparativas. El directorio corporativo ya no es motivo para descartarnos: entrar con la cuenta de la empresa y sincronizar altas y bajas está resuelto, igual que tampoco lo es el idioma de los menús.
Workplace cerró definitivamente el 31 de mayo de 2026 y no tenemos importador de lo que os llevasteis de allí. Frente a Steeple, la diferencia grande es que ellos ponen pantallas táctiles en planta y acompañamiento presencial, y nosotros ni una cosa ni la otra. Frente a Beekeeper —hoy parte de LumApps—, ellos tienen integraciones con sistemas de personal y aplicación nativa con avisos, y nosotros no.
Hay una página por competidor con la tabla fila a fila y la columna de quién gana cada una. En todas ellas Blastack pierde más filas de las que gana, y están así a propósito: una comparativa donde gana siempre quien la escribe no se la cree nadie.
Sí. Subís vuestro logotipo y elegís el color corporativo, y sustituyen a los nuestros en toda la plataforma, incluido el icono que queda en la pantalla de inicio del móvil. Cada persona puede además elegir su propio color de interfaz.
Lo que no hay hoy es dominio propio: la plataforma vive en nuestra dirección, con vuestra marca dentro.
Incluida la pregunta que casi nadie hace hasta que es tarde: qué pasa el día que os vais.
1 € por empleado y mes, sin IVA. En esa cuota entran dos cosas y solo dos: el tablón con su cola de revisión y el directorio.
Todo lo demás son diez módulos que se activan aparte, y que suman 0,28 € por persona y mes: el chat interno (0,10 €), las comunidades y secciones (0,04 €), los documentos (0,03 €), los eventos (0,02 €), las encuestas (0,02 €), la analítica (0,02 €), la identidad corporativa —inicio de sesión único y altas automáticas— (0,02 €), los canales (0,01 €), los reconocimientos (0,01 €) y los accesos y actividad (0,01 €). Con todos puestos son 1,28 € por empleado y mes.
Se factura sobre las personas activas de cada mes: si alguien causa baja, deja de contar. No hay coste de implantación, ni de formación, ni hardware que comprar.
Porque la cuota ha bajado de 1,50 € a 1 €, y a cambio han salido de ella dos cosas que antes iban dentro: las comunidades y secciones, y los eventos. Hoy son módulos, de cuatro y de dos céntimos.
El motivo es que no todo el mundo los usa. Una empresa de un solo centro vive perfectamente con el tablón, y estaba pagando dentro de la cuota unos espacios por centro que no necesitaba. Quien sí los quiere los activa: la cuota con comunidades sale a 1,04 €, en vez de los 1,50 € de antes.
En el otro extremo pasa lo mismo. Una empresa que quiera absolutamente todo paga 1,28 € por persona y mes, cuando con la tarifa anterior ese mismo paquete completo eran 2,25 € —y hoy «todo» incluye además el inicio de sesión único, que entonces no existía—. No hay letra pequeña en el cambio: la cuota baja, dos funciones salen de ella y el total baja en los dos casos.
Quinientas personas son 500 € al mes sin IVA, o 6.000 € al año pagando mes a mes. Dos mil personas son 2.000 € al mes, 24.000 € al año.
Con todos los módulos activados el precio por persona sube a 1,28 €: 640 € al mes para quinientas —7.680 € al año— y 2.560 € al mes para dos mil, 30.720 € al año.
Pagando el año por adelantado se cobran diez meses en vez de doce: 5.000 € las quinientas personas con la cuota sola y 6.400 € con todo; 20.000 € las dos mil con la cuota sola y 25.600 € con todo.
El precio por persona es el mismo para treinta que para tres mil: no hay tramos, ni descuento por volumen publicado, ni cuota de alta. Se factura sobre las personas activas de cada mes, así que la cifra baja sola cuando alguien causa baja. Si vuestro volumen es muy grande, habladlo con nosotros antes de firmar en vez de suponer.
Sí: el ciclo anual son doce meses al precio de diez. Una plantilla de cien personas con la cuota sola paga 1.200 € al año mes a mes, o 1.000 € pagando el año por adelantado; con todos los módulos, 1.536 € mes a mes o 1.280 € por adelantado. Una de cuatrocientas con todo activado son 6.144 € mes a mes o 5.120 € pagando el año.
No es una promoción de lanzamiento ni un descuento por firmar más años: es el precio del ciclo, y está publicado igual que el mensual. Los dos meses son lo que se ahorra por cobrar de una sola vez y por adelantado, que es trabajo administrativo que no hay que hacer doce veces.
El ciclo mensual sigue existiendo y sigue sin permanencia. El anual es una opción, no un requisito para tener el precio bueno.
Se prorratea por días y se regulariza en la siguiente factura. Si tenéis el año pagado y activáis el chat el 14 de marzo, se cobra la parte del ciclo que queda contada en días, no en meses: los días que faltan sobre los del ciclo entero. Es la cuenta que no admite discusión, y por eso se hace así.
Una baja a mitad de ciclo funciona igual pero al revés, con una diferencia importante: genera un abono que se descuenta de la siguiente factura, no una devolución. No se transfiere dinero de vuelta, porque eso obligaría a rectificar una factura ya emitida.
Con la plantilla el criterio es el mismo. Si entra gente nueva se cobra la parte del año que falta por cada persona de más. Si la plantilla baja no se abona nada durante el ciclo: se vuelve a contar en la renovación, que es cuando se ajusta. En ciclo mensual no hay prorrateo de nada, porque cada mes se factura con lo que hay activo al emitirlo.
Sí, y es de los casos que mejor funcionan. Treinta personas son 30 € al mes con la cuota, o 38,40 € con todos los módulos activados. Al año son 360 € y 461 € pagando mes a mes, o 300 € y 384 € pagando el año por adelantado.
No hay mínimo de plantilla, ni cuota mínima mensual, ni coste de implantación, así que un taller, un restaurante o una residencia pequeña pagan por lo que son y no por un mínimo pensado para otra empresa.
Es una diferencia concreta con las herramientas que piden un mínimo mensual: Steeple, por ejemplo, menciona en su propia web un mínimo de 200 € al mes por debajo de cien personas. Con un suelo así, la empresa de treinta paga casi lo mismo que la de cien.
No. El contrato mensual se renueva mientras no lo deis por terminado: sin permanencia mínima y sin penalización por baja, tal y como está escrito en las condiciones. No hay contrato anual obligatorio, que es lo habitual en este sector.
Hay ciclo anual, y sale más barato —doce meses al precio de diez, pagando por adelantado—, pero es una opción que elegís vosotros. Si lo cogéis, lo que compráis es un año: durante ese año la plantilla que baja no se abona, se regulariza en la renovación.
La factura se calcula y se emite desde la propia plataforma, con su serie y su número, y podéis ver el importe del mes en curso en cualquier momento. El cobro se acuerda con nosotros, por transferencia o domiciliación.
En ciclo mensual se factura un período de un mes por adelantado, del día de renovación al mismo día del mes siguiente, con lo que haya activo al emitirlo. En ciclo anual se cobran por adelantado los diez meses del año entero, y lo que cambie por el camino se regulariza prorrateado en la siguiente factura.
No hay pasarela de pago con tarjeta dentro de la herramienta, y por eso mismo la prueba de quince días no pide tarjeta ni puede cobrarse sola.
Lleva serie, ejercicio y número correlativo, el periodo facturado, el número de empleados activos sobre el que se ha calculado, la base imponible, el IVA al 21 % y el desglose línea a línea: la cuota por un lado y cada módulo activado por otro. Si hay regularizaciones de un ciclo anual, van también en su propia línea, con los días que se cobran o se abonan.
El importe del mes en curso se puede consultar en cualquier momento desde la pantalla de facturación, con la misma función que después emite la factura. No hay sorpresas a fin de mes porque es literalmente el mismo cálculo.
Nada automático. Como no pedimos tarjeta para empezar, no se cobra solo. Si queréis seguir, se pasa al servicio de pago; si no, la cuenta se cierra y los datos se suprimen.
La información es vuestra, y así está escrito en las condiciones. Al terminar el contrato disponéis de treinta días naturales de acceso para recuperarla. Pasado ese plazo, los datos y los archivos se suprimen de forma definitiva en un máximo de treinta días adicionales, copias de seguridad incluidas, con la única excepción de lo que haya que conservar por obligación legal, que se limita a la facturación.
La parte incómoda: hoy no hay un botón de «exportar todo». Los documentos y los archivos se descargan desde la propia herramienta, y si necesitáis un volcado completo de publicaciones, personas y respuestas hay que pedirlo. La exportación en un solo fichero está en el plan de trabajo, sin fecha comprometida.
Sí, y es lo que recomendamos. Una planta o una delegación, dos comunicados y quince días. Al final tenéis un porcentaje de lectura real de vuestra propia gente, que es un argumento mucho mejor en un comité que cualquier cosa que os digamos nosotros.
Decidlo antes de firmar. Somos un equipo pequeño y eso tiene dos caras: no vamos a tener listo en marzo un módulo que nos pidáis en febrero, pero sí hablaréis directamente con quien escribe el producto y sabréis en qué punto está de verdad.
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Escribidnos con la pregunta tal cual la tenéis que responder vosotros dentro. Contestamos por escrito, y si la respuesta es que no lo hacemos, lo diremos igual de claro que aquí arriba.
O directamente a info@blastack.com.