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Implantación

Cuánto tarda, quién lo monta y qué tenéis que poner vosotros

No hay proyecto de implantación, ni coste de puesta en marcha, ni nadie de sistemas conectando nada. Eso es una ventaja y también una carga: el trabajo lo hacéis vosotros, y son cuatro semanas de ratos sueltos, no un despliegue.

Requisitos

Lo que hace falta de vuestro lado

Ninguna de las tres es técnica, y la primera vale por las otras dos.

01

Una persona que publique

No hace falta un departamento de comunicación. Hace falta alguien con nombre y apellidos que publique dos veces por semana durante los dos primeros meses. Si esa persona no existe, la herramienta se apaga sola, sea la nuestra o cualquier otra.

02

La lista de centros y departamentos

Como los tengáis en la cabeza o en una hoja de cálculo, da igual. Se crean a mano en un rato y son la base de toda la segmentación posterior: una publicación va a toda la empresa, a departamentos concretos o a centros concretos.

03

Una forma de repartir el código

El tablón del vestuario, el relevo de turno, la hoja de la nómina o el encargado de cada centro. Lo que ya funcione para deciros las cosas a vosotros mismos, funciona para esto.

Si hay entidades miembro

Lo que cambia cuando quien contrata no es el empleador

Una federación con treinta emisoras, un colegio con sus demarcaciones o una cadena con cuarenta franquiciados no puede repartir los códigos desde la sede: no pisa las treinta casas. El calendario es el mismo, pero hay cuatro cosas que se hacen antes y que, si no se hacen, dejan medio censo sin entrar.

Un responsable por casa, pedido por escrito

Un nombre y un suplente por entidad, con plazo. Las casas que no contesten en dos semanas son exactamente las que se van a quedar apagadas, y conviene saberlo antes de abrir y no tres meses después.

El pacto de qué ve cada uno, cerrado antes

Quién ve la lista de personas de quién, y si la sede ve lo que publica una entidad para los suyos. La respuesta honesta es que quien administra la organización entera lo ve todo. Es la primera pregunta que hace una entidad y la peor de descubrir a mitad de camino.

Un código por casa, repartido por la casa

El cartel lo cuelga quien está allí, no la sede. Y si la sede paga, se reparten plazas: cada entidad tiene las suyas y pide más cuando las necesita, que es la única forma de que el gasto no crezca sin que nadie lo haya decidido.

Las palabras, elegidas el primer día

Emisoras y socios, o demarcaciones y colegiados, o locales y equipos. Se elige al crear la cuenta y se puede cambiar después. Llamar «empleado» en la primera pantalla a quien no cobra de vosotros es la forma más rápida de que no vuelva a entrar.

Calendario

Cuatro semanas, empezando por un centro

Se puede abrir a toda la empresa el primer día, y a veces sale bien. Pero si el reparto del código falla en dos mil personas a la vez, no hay segunda oportunidad para la primera impresión.

  1. 1

    Semana 0 · Vosotros · media jornada

    Montar la cuenta

    Crear la empresa, subir el logotipo, elegir el color, dar de alta los centros y los departamentos y crear las comunidades. Lo hace una persona en una tarde. Aquí no interviene nadie de sistemas.

  2. 2

    Semana 1 · Vosotros · dos horas

    Un solo centro

    Se genera el código de ese centro, se reparte y se publican los dos primeros comunicados. Uno tiene que ser algo que la plantilla quiera leer de verdad —el cuadrante, una noticia de la casa—, no la bienvenida a la herramienta.

  3. 3

    Semanas 2 y 3 · Vosotros · un rato a la semana

    Mirar el número y ampliar

    Cuánta gente de ese centro ha visto los comunicados. Si el número es bajo, el problema es el reparto del código o el contenido, y se arregla antes de extenderlo. Con el número decente, se abren el resto de centros.

  4. 4

    Semana 4 · Vosotros · una reunión

    Decidir con datos vuestros

    Al terminar los quince días de prueba tenéis un porcentaje de lectura de vuestra propia gente, por departamento. Eso es lo que se lleva al comité, y es mejor argumento que cualquier cosa que os digamos nosotros.

Altas

Cómo se dan de alta 2.000 personas

Con códigos de invitación, no con un fichero. Un administrador genera un código que ya lleva dentro el rol, el departamento y el centro, con un máximo de usos —hasta quinientos por código— y una fecha de caducidad. Cada persona lo introduce desde su móvil y crea su cuenta ella misma, con su correo personal.

  • Un código por centro: la gente queda clasificada desde el minuto uno
  • Cinco códigos de 400 usos cubren una plantilla de 2.000 personas
  • Sin cuenta corporativa, sin pasar por sistemas y sin lista que mantener
  • El código caduca, y se puede revocar si se ha repartido de más

Dónde se pega el código

  • En el tablón de corcho de la entrada y del vestuario.
  • Dictado por el encargado en el cambio de turno.
  • Impreso junto a la nómina del mes.
  • En la carpeta de bienvenida del personal nuevo.

Es de baja tecnología a propósito. Cualquier método que dependa de tener el correo o el teléfono de las dos mil personas al día falla justamente con la gente a la que hay que llegar.

Sin letra pequeña

Lo que la implantación no incluye

Preferimos que esta lista se lea antes de firmar. Si alguna de estas siete es imprescindible para vosotros, decidlo en la primera reunión y os diremos si está en el plan de trabajo o no lo está.

  • Importación de la plantilla desde CSV o Excel. Las altas se hacen con códigos.
  • Invitaciones por correo electrónico. Blastack no envía correos de ningún tipo.
  • La sincronización con vuestro sistema de personal existe —SCIM 2.0, con altas y bajas automáticas— pero va en el módulo de Identidad corporativa, se contrata aparte y se configura después: no entra en la puesta en marcha.
  • El inicio de sesión único va en ese mismo módulo y habla OpenID Connect, no SAML 2.0. Si vuestro pliego exige SAML, eso no lo tenemos.
  • Consultores nuestros en vuestras plantas, ni talleres presenciales.
  • Migración de contenido desde otra herramienta.
  • Recuperación automática de contraseña: hoy hay que escribirnos si alguien la pierde.

La parte difícil

Por qué se apagan estas herramientas

Casi nunca se caen por la tecnología. Se caen porque a los dos meses ya no publica nadie.

El patrón se repite: se monta con ilusión, se publican seis cosas la primera semana, luego la persona que lo llevaba tiene un mes complicado, pasan quince días sin nada nuevo y la plantilla deja de entrar. Recuperar eso cuesta más que empezar.

Lo único que lo evita es una cadencia mínima y sostenida: dos publicaciones por semana durante los dos primeros meses, con un responsable y un suplente. No hace falta que sean grandes comunicados; el cuadrante, una foto de una obra terminada y un cumpleaños ya son motivo suficiente para que la gente entre.

Por eso la analítica de alcance no es un adorno: es la alarma que avisa de que esto está pasando, con dos semanas de margen para arreglarlo.

Empezad por un centro y mirad el número

Quince días, sin tarjeta. Si preferís verlo con alguien delante antes de tocar nada, pedid una demostración y os la damos por videoconferencia.